La procesionaria del pino es uno de esos riesgos que debemos aprender a reconocer antes de encontrarnos con una situación de emergencia.
Durante determinadas épocas del año, especialmente cuando las orugas descienden de los pinos y forman sus características procesiones, aumenta el riesgo de contacto para los perros que pasean por zonas afectadas.
El problema no es únicamente que el perro ingiera una oruga. El contacto con sus pelos urticantes puede desencadenar una reacción inflamatoria intensa.
Por qué la procesionaria es tan peligrosa
Las orugas presentan pelos urticantes que pueden desprenderse y quedar en el ambiente. Estos pelos pueden entrar en contacto con la boca, la lengua, los ojos, la piel o las vías respiratorias.
Los perros tienen además una particularidad que aumenta el riesgo: exploran gran parte de su entorno mediante el olfato y la boca. Una oruga en movimiento puede despertar su curiosidad y provocar que intenten tocarla o ingerirla.
La afectación puede ser especialmente grave cuando existe contacto con la lengua y la cavidad oral.
Qué señales debemos observar
Después de un posible contacto podemos observar signos como salivación intensa, dolor, inflamación de la lengua o de la cara, dificultad para tragar, vómitos, inquietud o alteraciones en la respiración.
La aparición de estos signos debe considerarse una urgencia veterinaria.
Qué hacer ante un contacto
Si sospechamos que nuestro perro ha tenido contacto con procesionaria, debemos alejarnos inmediatamente de la zona y evitar que continúe explorándola.
No debemos frotar la zona afectada, ya que podríamos favorecer la liberación o dispersión de los pelos urticantes.
La prioridad es contactar con un servicio veterinario de urgencias y seguir sus indicaciones mientras nos desplazamos.
La procesionaria no es una situación para observar en casa esperando a ver si mejora. Una actuación rápida puede ser determinante.
La prevención empieza durante el paseo
En épocas de riesgo conviene conocer qué zonas presentan presencia de procesionaria y evitar los lugares afectados.
También es importante prestar atención a los árboles, a los nidos característicos y, especialmente, a las procesiones de orugas en el suelo.
La mejor herramienta es la prevención: no necesitamos impedir que nuestro perro explore, pero sí podemos elegir dónde hacerlo y acompañarlo de forma consciente.
