Kéfir para perros y gatos: microbiota, beneficios y precauciones

La microbiota intestinal se ha convertido en uno de los grandes temas de la nutrición y el bienestar animal. Y junto a ella han aparecido alimentos como el kéfir, que muchas familias incorporan a la alimentación de sus compañeros buscando favorecer su salud digestiva.

Pero que un alimento sea fermentado no significa automáticamente que sea adecuado para todos los perros y gatos.

Como siempre, debemos partir del individuo.

¿Qué es el kéfir?

El kéfir es una bebida fermentada que se obtiene mediante la acción de microorganismos presentes en los llamados gránulos de kéfir.

Durante la fermentación, estos microorganismos transforman parte de los azúcares presentes en la leche y producen diferentes compuestos, además de modificar las características del alimento.

Por ello, el kéfir puede contener microorganismos vivos y metabolitos derivados del proceso de fermentación.

La microbiota importa

Nuestro compañero convive con una enorme comunidad de microorganismos en su aparato digestivo.

La microbiota participa en diferentes funciones relacionadas con la digestión, el metabolismo y la interacción con el sistema inmunitario.

Cuando hablamos de salud digestiva, por tanto, no deberíamos centrarnos únicamente en “tener bacterias buenas”.

La microbiota es un ecosistema complejo y lo importante es mantener un equilibrio adecuado.

La alimentación, los cambios bruscos de dieta, determinados medicamentos, el estrés y diferentes enfermedades pueden modificarla.

¿Puede el kéfir ayudar?

El kéfir puede aportar microorganismos y compuestos derivados de la fermentación, por lo que puede resultar un alimento interesante para determinados individuos.

Sin embargo, no debemos presentarlo como un tratamiento para problemas digestivos ni asumir que todos los microorganismos presentes en un kéfir tendrán necesariamente un efecto beneficioso en el intestino de nuestro perro o gato.

Los efectos de los alimentos fermentados dependen de múltiples factores, incluida la composición del producto y las características del individuo.

Por eso, el kéfir debe entenderse como un alimento complementario, no como una solución universal.

¿Y la lactosa?

La fermentación reduce parte de la lactosa presente en la leche, pero no necesariamente la elimina por completo.

Un perro o gato con intolerancia a la lactosa puede presentar molestias digestivas después de consumir productos lácteos, incluso fermentados.

Además, los gatos adultos no necesitan consumir lácteos para mantener una alimentación adecuada.

Si queremos introducir kéfir, debemos hacerlo progresivamente y observar la tolerancia individual.

Cómo introducirlo

Cuando incorporamos un alimento nuevo, una pequeña cantidad suele ser suficiente para empezar.

No necesitamos convertirlo en una parte importante de la dieta.

Podemos observar durante los días siguientes cómo responde nuestro compañero y suspenderlo si aparecen diarrea, vómitos, gases, dolor abdominal u otros cambios digestivos.

En animales con enfermedades digestivas diagnosticadas o dietas terapéuticas, es recomendable consultar previamente con el profesional que realiza su seguimiento.

Un alimento fermentado no sustituye a una alimentación adecuada

Esta es probablemente la idea más importante.

La salud intestinal no depende de un único alimento.

Una alimentación nutricionalmente adecuada, una correcta hidratación, el control del estrés, el ejercicio adaptado y la atención veterinaria cuando existe enfermedad tienen mucha más importancia que añadir un ingrediente concreto.

El kéfir puede ser una herramienta más dentro de una alimentación variada y adecuada cuando el individuo lo tolera.

Pero no necesitamos convertirlo en una obligación.

También podemos cuidar la microbiota desde otros lugares

La microbiota responde al conjunto de la alimentación y al entorno.

Por eso, cuando queremos cuidar la salud digestiva de nuestro compañero, podemos preguntarnos primero qué está ocurriendo:

¿Ha habido un cambio de alimentación?

¿Está recibiendo medicación?

¿Tiene estrés?

¿Existe una enfermedad digestiva?

¿Las heces han cambiado?

¿La dieta está correctamente formulada?

¿Está recibiendo demasiados complementos al mismo tiempo?

A veces la respuesta no está en añadir algo, sino en revisar lo que ya estamos haciendo.

En Amara creemos precisamente en esa mirada: conocer al individuo, entender sus necesidades y utilizar los ingredientes como herramientas, no como soluciones mágicas.

Porque cuidar la microbiota también significa respetar su complejidad.

𝒜