En los últimos años, se habla muchísimo de los “picos de glucosa”.
La idea se ha incorporado también a las conversaciones sobre alimentación de perros y gatos: que si triturar la fruta dispara el azúcar, que si determinados alimentos “suben demasiado la glucosa” o que si hay que repartir las comidas para evitar picos.
Pero aquí conviene hacer una pausa.
El metabolismo de perros y gatos no es idéntico al humano, y no todo lo que escuchamos sobre glucosa, alimentos y pérdida de peso puede trasladarse directamente a ellos.
¿Qué es la glucosa?
La glucosa es una fuente de energía fundamental para el organismo.
Procede directamente de determinados alimentos y también puede ser producida por el propio cuerpo a partir de otros nutrientes.
Después de comer, los nutrientes son digeridos y absorbidos y la glucosa disponible en el organismo puede aumentar.
El páncreas responde mediante diferentes mecanismos hormonales, entre ellos la liberación de insulina.
Esto forma parte de la fisiología normal.
Por tanto: un aumento de glucosa después de comer no es, por sí mismo, algo patológico.
Entonces, ¿qué es un “pico”?
En términos generales, hablamos de un aumento relativamente rápido de la glucosa en sangre después de una comida.
Pero su magnitud y duración dependen de numerosos factores:
- cantidad de carbohidratos;
- tipo de carbohidrato;
- estructura física del alimento;
- fibra;
- composición de la comida completa;
- proteínas y grasas presentes;
- velocidad de ingestión;
- actividad física;
- estado metabólico;
- y características individuales.
Por eso no podemos clasificar un alimento de forma aislada como “bueno” o “malo” únicamente por su posible efecto sobre la glucosa.
¿Triturar una fruta aumenta el azúcar?
No.
Esta es una confusión bastante frecuente.
Triturar una fruta no añade glucosa.
Una manzana triturada sigue teniendo, en esencia, los mismos carbohidratos que antes de triturarla.
Lo que cambia es su estructura física.
Al romper las células y hacer el alimento más accesible, podemos modificar la velocidad con la que se consume y, dependiendo del alimento y del contexto, cómo se digiere.
¿Y por qué no es lo mismo triturar que hacer zumo?
Porque en un zumo normalmente eliminamos una parte importante de la estructura y de la fibra.
En cambio, cuando trituramos una fruta completa, conservamos buena parte de sus componentes.
Esto puede producir diferencias en la velocidad de consumo y en la respuesta metabólica.
Pero nuevamente, el efecto dependerá de la cantidad y del resto de la alimentación.
Una cucharada de fruta triturada incorporada a una comida no puede interpretarse de la misma manera que un vaso de zumo.
¿Los perros tienen problemas con los carbohidratos?
Los perros pueden digerir y utilizar carbohidratos y pueden incorporarse a diferentes tipos de dietas adecuadamente formuladas.
Eso no significa que todos los carbohidratos sean equivalentes ni que necesitemos una cantidad determinada en todos los perros.
Como siempre, debemos valorar la dieta completa.
También existen situaciones clínicas concretas en las que el control de la ingesta de carbohidratos y la regulación de la glucosa adquieren una importancia especial.
En esos casos, la alimentación debe individualizarse y, cuando existe una enfermedad diagnosticada, seguir las indicaciones veterinarias correspondientes.
¿Y los gatos?
Los gatos presentan una fisiología metabólica diferente.
Son carnívoros especializados y tienen adaptaciones relacionadas con el uso de proteínas y con el metabolismo de determinados nutrientes.
Eso no significa que cualquier cantidad de carbohidratos sea tóxica.
Significa que no podemos aplicar al gato una regla nutricional humana sin tener en cuenta su fisiología.
La dieta debe cubrir sus necesidades específicas y proporcionar los nutrientes esenciales en cantidades adecuadas.
¿Los picos de glucosa hacen engordar?
Esta afirmación es demasiado simplista.
El aumento de peso depende de un conjunto de factores, entre ellos el balance energético mantenido en el tiempo.
La cantidad total de energía ingerida, la densidad energética de la dieta, la actividad física, la composición corporal, la edad, el estado fisiológico y determinados factores médicos pueden influir.
Un alimento no provoca por sí solo aumento de peso simplemente porque produzca una respuesta de glucosa después de comer.
Además, un alimento que aporta mucha energía puede contribuir al aumento de peso aunque su efecto sobre la glucosa no sea especialmente rápido.
Por eso no debemos utilizar los “picos” como explicación universal del sobrepeso.
¿Entonces la forma de ofrecer los alimentos no importa?
Sí importa.
Pero hay que colocar cada factor en su sitio.
La estructura de los alimentos puede influir en la velocidad de ingestión y digestión.
La fibra puede modificar determinadas respuestas digestivas y metabólicas.
Las proteínas y grasas pueden modificar la respuesta de una comida completa.
Y triturar, cocinar o procesar un alimento puede cambiar sus características físicas.
Pero ninguno de estos factores funciona de manera aislada.
¿Hay que repartir las comidas para evitar picos?
No existe una frecuencia universal de comidas que debamos aplicar a todos los perros y gatos con el objetivo de “evitar picos de glucosa”.
La frecuencia adecuada depende del individuo.
Un perro puede estar perfectamente bien con dos comidas diarias.
Otro puede beneficiarse de repartir su ración en más tomas por cuestiones digestivas, de comportamiento o de manejo.
Un gato puede preferir varias pequeñas ingestas.
Y un animal que presenta determinados síntomas puede necesitar una adaptación específica.
Por ejemplo, algunos perros presentan vómitos de contenido biliar después de períodos prolongados sin comer. En estos casos puede ser interesante valorar con el veterinario si modificar la distribución de las comidas ayuda a reducir el problema, pero no debemos asumir automáticamente que todos los vómitos biliosos se resuelven simplemente aumentando el número de tomas.
La frecuencia de las comidas y el peso son cuestiones diferentes
Repartir la misma cantidad diaria de alimento en dos, tres o cuatro tomas no reduce mágicamente las calorías ingeridas.
Si el animal recibe la misma cantidad energética total, distribuirla de otra manera no convierte por sí mismo una dieta hipercalórica en una dieta adecuada.
La frecuencia puede ser una herramienta de manejo.
No sustituye al control de la cantidad total.
Entonces, ¿qué debemos mirar?
Cuando valoramos la alimentación de un perro o un gato, tiene más sentido observar el conjunto:
- qué alimentos recibe;
- qué cantidad;
- qué densidad energética tienen;
- cómo están preparados;
- qué nutrientes aportan;
- cómo se distribuyen las comidas;
- qué actividad realiza el animal;
- cuál es su condición corporal;
- y qué necesidades individuales presenta.
La glucosa es una parte del metabolismo, no el único indicador de que una alimentación sea adecuada.
Una alimentación saludable no necesita tener miedo a la glucosa
La glucosa es necesaria.
Comer provoca cambios metabólicos.
Y esos cambios no son automáticamente perjudiciales.
Lo importante es distinguir entre la respuesta fisiológica normal a una comida y las alteraciones persistentes de la regulación de la glucosa que pueden aparecer en determinadas enfermedades.
En estas últimas situaciones sí existe una cuestión médica que debe abordarse específicamente.
Hablar de “picos de glucosa” puede ser útil para comprender determinados procesos metabólicos, pero se convierte en un problema cuando lo utilizamos como explicación universal de la alimentación.
Triturar una fruta no crea más azúcar.
Repartir una comida en más tomas no elimina las calorías.
Y un aumento normal de glucosa después de comer no significa que una alimentación sea perjudicial.
En perros y gatos debemos tener en cuenta su fisiología, la composición completa de la dieta, la cantidad total de energía, la forma de los alimentos y las características individuales.
Porque una buena alimentación no consiste en perseguir una curva perfecta de glucosa.
Consiste en cubrir las necesidades del animal de forma segura, suficiente y adaptada a su realidad.
