En ocasiones, decir no también es cuidar.
Hoy recordamos cierto mensaje recibido por redes sociales.
Nos solicitaban un pedido grande, 120 collares con un diseño concreto: la bandera de España.
Tras preguntar por y conocer el contexto, entendimos que el pedido estaba destinado a perros utilizados para la caza.
Y ahí fuimos claras, respetuosas y coherentes: no trabajamos con prácticas ni modelos que impliquen daño, instrumentalización o uso del animal desde una lógica que no compartimos.
Nuestros collares, además, son puramente identificativos: ni siquiera llevan anilla D; no están pensados para atar, tirar, corregir ni controlar, no son herramientas de trabajo.
Son elementos de seguridad, cuidado y vínculo.
Por eso no podían —ni debían— ser funcionales para ese uso. Y por eso dijimos que no.
La respuesta fue acusarnos de discriminación y difamarnos; pero poner un límite no es discriminar, es POSICIONARSE.
Desde esta iniciativa, no fabricamos productos para cualquier fin; no adaptamos nuestros valores a un volumen de venta o a los ingresos que podamos percibir; y no creemos que el bienestar animal sea compatible con todos los usos que históricamente se han hecho de los perros.
Desde esta iniciativa, elegimos no colaborar con actividades que no respetan al animal como individuo; no diseñar para prácticas que no están alineadas con el acompañamiento consciente; y no crecer a costa de traicionar lo que defendemos.
Y sí, eso implica renunciar a pedidos, implica incomodar e implica recibir críticas.
Pero también implica dormir tranquilas.
Porque cuidar no es neutral.
Porque el bienestar no es un discurso vacío.
Y porque cada decisión, incluso las que no se ven, también construye la red que queremos sostener.
Gracias a quienes entendéis que los principios no se negocian.
Y gracias a quienes os quedáis precisamente por eso.