He encontrado una pulga o una garrapata en mi perro: qué hacer

Encontrar una pulga o una garrapata sobre nuestro perro puede generar preocupación, especialmente cuando no sabemos si debemos retirarla inmediatamente, revisar todo el cuerpo o acudir directamente a una clínica veterinaria.

Lo primero es mantener la calma. Encontrar un parásito no significa automáticamente que nuestro perro vaya a enfermar, pero sí es una señal para actuar y revisar la situación.

Si encontramos una garrapata

Las garrapatas deben retirarse cuanto antes y de forma adecuada.

No debemos aplicar productos caseros, alcohol, aceite, vaselina ni otras sustancias sobre la garrapata para intentar que se desprenda. Tampoco debemos quemarla ni manipularla de forma que aumentemos el riesgo de que su contenido entre en contacto con la piel.

Lo adecuado es utilizar una herramienta específica para su extracción y retirarla siguiendo una técnica correcta, evitando aplastarla.

Después debemos revisar cuidadosamente al animal, especialmente las zonas donde las garrapatas pueden pasar desapercibidas: orejas, cuello, axilas, ingles, entre los dedos y alrededor de la cabeza.

¿Y si encontramos una pulga?

Las pulgas requieren un planteamiento diferente porque encontrar una sobre nuestro perro puede ser solo una pequeña parte del problema.

Gran parte del ciclo de vida de la pulga se desarrolla en el ambiente. Por eso, eliminar únicamente las pulgas visibles sobre el animal no siempre es suficiente.

Cuando encontramos una, conviene revisar al perro y también su entorno: camas, mantas, zonas de descanso, textiles y aquellos lugares donde pasa más tiempo.

Además, debemos valorar si existen otros animales en el hogar que puedan estar afectados.

No todos los perros necesitan el mismo protocolo

La prevención y el control de parásitos deben individualizarse.

Influyen factores como la zona geográfica, el estilo de vida, el contacto con otros animales, el acceso a zonas de vegetación, los viajes y el estado de salud del individuo.

Por eso, no tiene sentido aplicar automáticamente el mismo protocolo a todos los perros ni asumir que una estrategia adecuada para un animal será necesariamente la mejor para otro.

¿Cuándo debemos consultar?

Si después de una picadura observamos cambios en el comportamiento, fiebre, apatía, debilidad, pérdida de apetito, alteraciones en la marcha, inflamación u otros signos que no sean habituales, debemos consultar con nuestro veterinario.

También es recomendable pedir asesoramiento profesional cuando encontramos una infestación importante, cuando convivimos con varios animales o cuando existen circunstancias particulares que puedan modificar el riesgo.

El objetivo no debería ser vivir obsesionados con los parásitos, sino conocerlos, entender sus ciclos y establecer una estrategia de prevención y control adecuada para nuestro compañero.

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