Hablar de parásitos intestinales suele llevarnos directamente a una palabra: desparasitación.
Pero prevenir una parasitosis es mucho más amplio que administrar periódicamente un producto.
La prevención comienza por reducir las posibilidades de exposición.
La higiene, la correcta gestión de las deposiciones, evitar que el perro ingiera determinadas sustancias del entorno y controlar el acceso a zonas potencialmente contaminadas son medidas sencillas que pueden reducir determinados riesgos.
También debemos tener en cuenta que algunos perros presentan una mayor exposición que otros.
Los animales que conviven con muchos individuos, tienen acceso frecuente a zonas rurales, ingieren tierra o heces, cazan, comen determinadas presas o presentan determinadas condiciones de salud pueden tener un riesgo diferente.
Por eso, no tiene demasiado sentido hablar de una única pauta válida para todos.
Los controles coprológicos pueden ayudarnos a conocer si existe eliminación de determinadas estructuras parasitarias. Cuando queremos aumentar las posibilidades de detección, podemos recurrir a muestras seriadas.
Y cuando existe sospecha clínica, la elección de la prueba debe adaptarse al parásito que estamos buscando.
También debemos diferenciar los parásitos intestinales de otros organismos que pueden afectar a nuestros perros y que requieren estrategias preventivas diferentes.
No existe un único producto capaz de prevenir absolutamente todos los parásitos.
Este es uno de los motivos por los que la prevención debe plantearse de manera global.
La alimentación también forma parte del contexto. Una dieta adecuada y un buen estado nutricional contribuyen al funcionamiento normal del organismo, pero ningún alimento o suplemento debería presentarse como un sustituto de un tratamiento antiparasitario cuando existe una infección.
Lo mismo ocurre con las alternativas naturales.
Algunos ingredientes pueden tener propiedades interesantes y formar parte del acompañamiento general, pero no debemos confundir una posible actividad biológica con una eficacia antiparasitaria clínica demostrada.
La palabra “natural” no convierte automáticamente un producto en seguro ni eficaz.
Y la palabra “antiparasitario” tampoco significa que su utilización sistemática sea siempre necesaria.
La prevención responsable consiste en conocer qué parásito nos preocupa, qué riesgo tiene nuestro perro, qué medidas pueden reducir la exposición, qué pruebas pueden ayudarnos a detectarlo y qué tratamiento está indicado si finalmente aparece.
Es una forma de cuidar menos basada en el miedo y más basada en la información.
Porque prevenir no significa actuar constantemente por si acaso: significa conocer el riesgo suficiente para saber cuándo debemos actuar.
