HUESOS EN LA ALIMENTACIÓN: QUÉ APORTAN Y QUÉ DEBEMOS VALORAR

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Los huesos forman parte de muchas conversaciones sobre alimentación natural.

Para algunas personas son una pieza imprescindible de una dieta BARF.

Para otras, representan un riesgo que prefieren evitar.

Como suele ocurrir, la realidad es bastante más compleja que elegir entre “huesos sí” o “huesos no”.

Lo importante es entender qué aportan, qué riesgos existen y qué alternativas tenemos.

¿QUÉ APORTA UN HUESO?

El hueso aporta principalmente minerales, especialmente calcio y fósforo.

También puede aportar tejido conectivo y otros componentes dependiendo del tipo de hueso y de cuánto tejido lo acompañe.

Desde el punto de vista nutricional, esto puede resultar interesante cuando estamos formulando una dieta casera.

Pero eso no significa que todos los huesos sean equivalentes.

NI TODOS LOS HUESOS SON IGUALES

No es lo mismo un hueso carnoso pequeño que un hueso grande y extremadamente duro.

La especie, el tamaño, la edad y las características del animal también importan.

Un hueso que puede ser manejable para un perro grande puede no serlo para otro animal.

Y un hueso diseñado para ser roído no necesariamente debe interpretarse como un alimento que el animal tiene que consumir por completo.

EL RIESGO NO ES SOLO DIGESTIVO

Cuando hablamos de huesos solemos pensar inmediatamente en el aparato digestivo.

Pero existen otros riesgos.

Un hueso puede producir lesiones en dientes y encías, especialmente cuando es excesivamente duro y no se adapta al individuo.

También existe riesgo de atragantamiento, de ingestión de fragmentos y de problemas digestivos.

Los huesos cocinados requieren una consideración especial: el calor puede modificar su estructura y hacer que se fracturen de una forma diferente, provocando incluso desgarros.

Por eso, no deberíamos ofrecer huesos cocinados como si fueran equivalentes a los huesos crudos.

ROER NO ES LO MISMO QUE COMER

Esta distinción es especialmente útil.

Un animal puede disfrutar enormemente de la actividad de roer sin necesidad de ingerir grandes cantidades de hueso.

La masticación también puede cumplir una función de entretenimiento, exploración y enriquecimiento.

Por eso podemos preguntarnos qué estamos buscando realmente.

¿Queremos aportar calcio?

¿Queremos ofrecer una actividad de masticación?

¿Queremos las dos cosas?

La respuesta puede cambiar la herramienta que elegimos.

EL CALCIO NO DEPENDE NECESARIAMENTE DEL HUESO

En una dieta casera podemos cubrir las necesidades de calcio mediante diferentes estrategias.

El hueso es una de ellas.

Pero no es la única.

Existen fuentes minerales específicas que permiten calcular el aporte de calcio con mucha mayor precisión.

Esto puede resultar especialmente útil cuando queremos formular una dieta cocinada, cuando el animal no puede consumir huesos o cuando simplemente preferimos no utilizarlos.

La ausencia de huesos no significa que una dieta tenga que ser nutricionalmente deficiente.

Significa que debemos formular de otra manera.

¿Y LOS HUESOS COMO “CEPILLO DENTAL”?

Roer puede generar fricción y formar parte de una actividad oral, pero no deberíamos considerar los huesos un sustituto del cuidado dental.

Además, si no sabemos adaptarlo y el hueso es demasiado duro, el riesgo de fractura dental puede superar cualquier posible beneficio.

La salud oral necesita una estrategia propia, en la que puede o no aparecer el hueso como alternativa.

CADA ANIMAL ES DIFERENTE

Hay animales que mastican cuidadosamente.

Otros tragan prácticamente sin masticar.

Algunos tienen una mordida muy potente.

Otros presentan problemas dentales.

También existen animales con antecedentes digestivos que pueden requerir una estrategia alimentaria más conservadora.

Hay que valorar al individuo.

SEGURIDAD E HIGIENE

Si se utilizan huesos crudos, la manipulación higiénica es fundamental.

Estamos trabajando con un alimento de origen animal y debemos aplicar las mismas precauciones básicas de conservación, temperatura, limpieza y manipulación que utilizaríamos con otros alimentos crudos.

El cuenco, las superficies y nuestras propias manos también forman parte de la cadena de seguridad.

UNA ALTERNATIVA NO ES “PEOR”

Una de las ventajas de formular nutricionalmente una dieta es que podemos separar objetivos.

Si queremos aportar calcio, podemos utilizar una fuente mineral calculada.

Si queremos enriquecer la alimentación, podemos utilizar diferentes alimentos.

Si queremos ofrecer una actividad de masticación, podemos buscar opciones adaptadas al animal.

No necesitamos que una única herramienta cumpla todas las funciones.

LA PREGUNTA CORRECTA

En lugar de preguntarnos:

“¿Los perros deben comer huesos?”

podemos plantearnos:

“¿Qué función quiero que cumpla el hueso y es esta la opción más segura para este animal?”

Ese cambio de pregunta nos permite salir del debate de los absolutos.

Porque alimentar bien no consiste en seguir una lista de reglas.

Consiste en tomar decisiones informadas teniendo en cuenta nutrición, comportamiento y seguridad.

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