El aparato digestivo del gato: fisiología de un carnívoro especializado

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El organismo del gato presenta adaptaciones muy marcadas a una alimentación basada en tejidos animales, y muchas de ellas se reflejan directamente en su aparato digestivo y en su metabolismo.

Esto no significa que podamos determinar una dieta completa únicamente observando su anatomía. Pero sí nos ayuda a entender por qué las necesidades nutricionales del gato son diferentes y por qué algunas recomendaciones generales para perros no pueden trasladarse automáticamente a los gatos.

La digestión empieza en una boca muy especializada

Como vimos al hablar de la mandíbula, la boca del gato está diseñada principalmente para sujetar, perforar y cortar.

Su dentición y su limitada capacidad de movimiento lateral hacen que no realice una molienda prolongada como la que hacemos los humanos.

La digestión comienza con la ingestión y continúa a medida que el alimento avanza por el aparato digestivo.

Pero en el caso del gato hay una particularidad importante: su fisiología está estrechamente relacionada con los nutrientes que históricamente ha obtenido de sus presas.

El estómago y la digestión de las proteínas

El estómago del gato produce un ambiente ácido que participa en la digestión y en la transformación del alimento antes de que pase al intestino delgado.

Las proteínas son sometidas a la acción de enzimas digestivas y posteriormente continúan su procesamiento en el intestino.

Esto es especialmente relevante en un animal cuyas necesidades nutricionales dependen en gran medida de nutrientes procedentes de tejidos animales.

Pero hay una diferencia importante entre decir que el gato está adaptado a utilizar determinados nutrientes y afirmar que cualquier alimento de origen animal constituye automáticamente una dieta completa.

No es lo mismo.

El intestino delgado: absorción y aprovechamiento

En el intestino delgado tiene lugar una parte fundamental de la digestión y absorción.

Aquí actúan las enzimas digestivas y la bilis, mientras que los nutrientes ya descompuestos pueden atravesar la pared intestinal y pasar al organismo.

Proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales y otros nutrientes siguen diferentes procesos de digestión y absorción.

Por eso, cuando hablamos de alimentación, no basta con mirar qué ingredientes contiene una comida.

También importa qué nutrientes aporta, en qué cantidad, en qué forma y cómo puede utilizarlos el organismo.

El gato y las proteínas

Una de las características más importantes de la fisiología felina es su adaptación al metabolismo de las proteínas.

Los gatos necesitan mantener una utilización elevada de aminoácidos incluso cuando la cantidad de proteína disponible en la dieta cambia.

Esto está relacionado con su evolución como carnívoros especializados.

No significa que “cuanta más proteína, mejor”.

Significa que la proteína tiene un papel especialmente importante en la nutrición felina y que no podemos extrapolar sin más las necesidades de otras especies.

Además, no solo importa la cantidad total de proteína.

Importan también su calidad, digestibilidad y perfil de aminoácidos.

Taurina, vitamina A y otros nutrientes esenciales

El metabolismo felino presenta particularidades que hacen que determinados nutrientes sean especialmente importantes.

La taurina es un ejemplo clásico.

El gato tiene una capacidad limitada para sintetizar taurina a partir de otros compuestos y necesita obtenerla de la dieta.

Algo similar ocurre con la vitamina A preformada: el gato no puede depender de la conversión de determinados carotenoides vegetales de la misma manera que otras especies.

También existen particularidades relacionadas con determinados ácidos grasos y aminoácidos.

Todo esto explica por qué una dieta puede parecer variada y saludable desde una perspectiva humana y, sin embargo, no ser nutricionalmente adecuada para un gato.

¿Y los carbohidratos?

El gato es un carnívoro especializado y su fisiología presenta adaptaciones importantes al metabolismo de nutrientes procedentes de animales.

Pero esto no significa que cualquier cantidad de carbohidratos sea automáticamente tóxica o que un alimento que contenga carbohidratos sea necesariamente inadecuado.

La cuestión es mucho más amplia.

Hay que valorar la dieta completa, la cantidad, la forma en que se presentan esos nutrientes, la energía total y las necesidades del animal.

El intestino grueso y la microbiota

Al igual que en otras especies, el intestino grueso participa en la recuperación de agua y electrolitos y alberga una comunidad de microorganismos que interactúa con los componentes de la dieta.

La microbiota intestinal puede verse influida por la alimentación y por otros factores, y participa en numerosos procesos relacionados con la función intestinal.

Pero tampoco aquí existe una única microbiota “ideal” que podamos conseguir simplemente añadiendo un determinado alimento.

El contexto individual importa.

Un aparato digestivo relativamente corto

Los carnívoros especializados tienden a presentar un aparato digestivo adaptado a alimentos relativamente densos en nutrientes y de alta digestibilidad.

En el gato, esto se combina con una capacidad relativamente limitada para aprovechar grandes cantidades de determinados componentes de origen no animal.

El comportamiento alimentario también importa

La fisiología no explica por sí sola cómo come un gato doméstico.

En condiciones naturales, un gato puede realizar numerosas pequeñas ingestas relacionadas con la captura de presas.

En casa, sin embargo, puede tener comida disponible de una forma completamente diferente.

Algunos gatos prefieren varias pequeñas comidas. Otros comen en pocas ocasiones.

Por eso la alimentación felina no consiste únicamente en calcular nutrientes.

También debemos considerar cómo, cuándo y en qué entorno come el animal.

Digestión no significa nutrición

Este punto es fundamental.

Un gato puede digerir un ingrediente sin que ese ingrediente sea suficiente para cubrir sus necesidades.

Puede aprovechar una determinada fuente de proteína y, aun así, necesitar otros nutrientes que no están presentes en cantidad adecuada.

Y puede consumir un alimento que parece excelente sin que, por sí solo, constituya una dieta equilibrada.

La digestión nos dice qué puede hacer el organismo con el alimento.

La nutrición nos obliga a preguntarnos qué necesita el organismo y si la dieta se lo proporciona correctamente.

En conclusión

El gato posee una fisiología digestiva y metabólica estrechamente relacionada con su condición de carnívoro estricto.

Su organismo está adaptado a obtener determinados nutrientes de los alimentos de origen animal y presenta particularidades en el metabolismo de proteínas, aminoácidos, vitaminas y otros nutrientes.

Esto no significa que podamos decidir una dieta únicamente a partir de la anatomía o de una lista de ingredientes.

Una alimentación adecuada requiere valorar el conjunto: nutrientes, cantidades, digestibilidad, seguridad, energía y necesidades individuales.

Porque al final, lo que contiene un alimento no es exactamente lo mismo que lo que el organismo consigue aprovechar de él.

Y esa diferencia nos lleva a un concepto fundamental: la biodisponibilidad.

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