Biodisponibilidad de los nutrientes: hablemos de aprovechamiento

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Cuando hablamos de nutrición es habitual fijarnos en las cifras.

“Contiene 500 mg de calcio.”

“Esta semilla tiene mucho hierro.”

“Este suplemento aporta 1.000 mg de magnesio.”

Pero existe una pregunta anterior y mucho más interesante: ¿Cuánto de ese nutriente puede absorber y utilizar realmente el organismo?

Ahí entra en juego la biodisponibilidad.

Y entenderla es especialmente importante cuando hablamos de suplementos, dietas caseras y alimentos que pueden aportar el mismo nutriente desde fuentes diferentes.

¿Qué significa biodisponibilidad?

La biodisponibilidad describe, de forma sencilla, qué proporción de un nutriente ingerido está disponible para ser absorbida y utilizada por el organismo.

Por tanto, no es exactamente lo mismo que la cantidad que aparece en una etiqueta.

Podemos imaginar dos alimentos que contienen una cantidad similar de un mineral.

Eso no significa necesariamente que el organismo vaya a obtener exactamente la misma cantidad de ambos.

La forma química, la matriz alimentaria, la digestión, otros componentes de la dieta y las características del propio animal pueden modificar ese aprovechamiento.

Biodisponibilidad y absorción: conceptos relacionados, pero no idénticos

A menudo utilizamos ambos términos como si fueran exactamente lo mismo.

No lo son.

La absorción hace referencia a cuánto de una sustancia atraviesa la barrera intestinal y pasa al organismo.

La biodisponibilidad va un paso más allá y considera qué parte de ese nutriente queda realmente disponible para ser utilizado.

Por eso podemos hablar de una cadena:

ingerir → digerir → absorber → transportar → utilizar.

En cada etapa pueden existir factores que modifiquen el resultado final.

¿De qué depende la biodisponibilidad?

No existe un único factor.

Entre los más importantes encontramos:

La forma química

Un mismo mineral puede presentarse en diferentes formas químicas.

Estas formas pueden tener diferencias en solubilidad, absorción y tolerancia digestiva.

Por eso, cuando comparamos suplementos minerales, no deberíamos fijarnos únicamente en el nombre del mineral.

La matriz del alimento

Un nutriente no siempre se encuentra aislado.

Está dentro de una estructura alimentaria que contiene proteínas, grasas, fibra, minerales y otros compuestos.

Esa matriz puede influir en cómo se libera y se absorbe.

Las interacciones entre nutrientes

Los nutrientes no funcionan como piezas independientes.

Algunos pueden competir por mecanismos de absorción.

Otros pueden facilitar el aprovechamiento de determinados compuestos.

Esto significa que una dieta completa debe valorarse como un conjunto.

Otros componentes del alimento

Algunos compuestos presentes de forma natural en los alimentos pueden reducir la disponibilidad de determinados minerales.

Es el caso de sustancias como fitatos u oxalatos, que pueden unirse a ciertos minerales y dificultar su aprovechamiento.

Esto no convierte automáticamente en “malos” los alimentos que los contienen.

Simplemente significa que el contexto de la dieta importa.

El procesamiento

Cocinar, triturar, moler, fermentar o procesar un alimento puede modificar su estructura y, en determinados casos, cambiar la disponibilidad de algunos nutrientes.

Pero tampoco existe una regla universal de “procesado = mejor absorción”.

Depende del alimento y del nutriente.

El propio animal

La biodisponibilidad no es completamente idéntica para todos los individuos.

La edad, el estado fisiológico, determinadas enfermedades, el funcionamiento digestivo y las necesidades del organismo pueden modificar el aprovechamiento de determinados nutrientes.

Por eso una recomendación nutricional no debería construirse únicamente a partir de una tabla de composición.

El calcio como ejemplo

El calcio es probablemente uno de los mejores ejemplos para entender todo esto.

Cuando hablamos de una fuente de calcio podemos encontrar diferentes opciones: hueso, fuentes minerales, fuentes marinas, alimentos vegetales y diferentes sales de calcio utilizadas en suplementos.

Todas pueden aportar calcio.

Pero eso no significa que sean intercambiables en cualquier situación.

El calcio no existe únicamente como “calcio”

En los suplementos, el calcio está asociado a una determinada forma química.

Por ejemplo, podemos encontrar sales como carbonato o citrato de calcio.

La cantidad de calcio elemental puede ser diferente entre ellas y también pueden existir diferencias en las condiciones en las que se disuelven y absorben.

Por eso comparar dos productos diciendo únicamente “este tiene más calcio” puede ser insuficiente.

Hay que mirar qué cantidad de calcio elemental aporta y en qué forma se encuentra.

¿Y el calcio de los huesos?

Los huesos contienen una matriz mineral en la que el calcio está asociado principalmente a fosfatos, además de otros componentes.

Cuando un animal consume hueso, no está consumiendo un “suplemento de calcio” aislado.

Está consumiendo una estructura completa que contiene minerales y componentes orgánicos.

Esto es importante porque el comportamiento de esa fuente dentro de la dieta dependerá de factores como el tipo de hueso, su procesamiento, la cantidad ofrecida y el resto de la alimentación.

Por eso no podemos convertir “el calcio del hueso” en una categoría automáticamente superior a todas las demás.

¿Y el calcio marino?

Las fuentes marinas de calcio pueden proceder de estructuras minerales de origen marino y aportar calcio en una matriz diferente de la de un suplemento mineral aislado.

Pero nuevamente, “marino” no es sinónimo automático de “más biodisponible”.

La pregunta correcta es qué forma de calcio aporta, cuál es su composición, qué cantidad de calcio elemental proporciona y cómo encaja en la dieta concreta.

¿Y el calcio vegetal?

Las plantas también pueden aportar calcio.

Sin embargo, la disponibilidad del calcio vegetal puede verse afectada por la presencia de determinados compuestos, como fitatos u oxalatos.

Esto no significa que el calcio vegetal sea inútil.

Significa que la cantidad presente en un alimento y la cantidad finalmente disponible para el organismo no son necesariamente iguales.

Y esto es precisamente lo que queremos decir cuando hablamos de biodisponibilidad.

Otro ejemplo: el hierro

El hierro también permite entender por qué la procedencia importa.

No todas las formas de hierro presentes en los alimentos se comportan igual durante la digestión.

La forma química y la composición de la comida pueden modificar su aprovechamiento.

Por eso no basta con decir que un alimento “tiene mucho hierro”.

Hay que considerar qué tipo de hierro aporta y dentro de qué dieta se consume.

Otro ejemplo: los omega-3

Los omega-3 nos ofrecen otro caso interesante.

No todos los omega-3 son iguales desde el punto de vista funcional.

EPA y DHA son ácidos grasos concretos con funciones biológicas determinadas.

Otros ácidos grasos de la familia omega-3 pueden requerir transformaciones metabólicas antes de llegar a determinadas formas.

Por eso, cuando hablamos de omega-3, tampoco debería bastar con mirar la cantidad total de “omega-3” de una etiqueta.

Hay que saber qué omega-3 estamos aportando.

Entonces, ¿qué suplemento tiene mejor biodisponibilidad?

Aquí es donde debemos evitar una respuesta demasiado sencilla.

No existe una forma universalmente “mejor” para todos los animales y todos los nutrientes.

Una forma puede presentar determinadas ventajas en unas circunstancias y no ser la opción más adecuada en otras.

Además, la biodisponibilidad es solo uno de los criterios que debemos valorar.

También importan:

  • la dosis;
  • la seguridad;
  • la tolerancia digestiva;
  • las interacciones;
  • la necesidad real del nutriente;
  • la dieta completa;
  • y las características individuales del animal.

Un nutriente extremadamente biodisponible no es una buena elección si el animal no lo necesita o si la cantidad aportada es excesiva.

¿Natural significa más biodisponible?

No.

Y esta es una conclusión especialmente importante.

Que un ingrediente proceda de una fuente natural no significa automáticamente que el organismo vaya a absorberlo mejor.

Pero tampoco ocurre lo contrario: que una sustancia aislada o una sal mineral sea necesariamente peor por no proceder directamente de un alimento.

Origen y biodisponibilidad son conceptos diferentes.

La forma, la matriz, la dieta y el organismo son los que determinan el aprovechamiento.

¿Y qué significa esto cuando elegimos un suplemento?

Que deberíamos dejar de buscar únicamente el número más grande de la etiqueta.

Antes de elegir, podemos hacernos varias preguntas:

¿Qué nutriente necesito realmente?

¿En qué forma está?

¿Cuánto aporta realmente?

¿Cómo encaja con el resto de la dieta?

¿Existen interacciones relevantes?

¿Es apropiado para este animal y para su situación concreta?

Y una última pregunta que a veces olvidamos:

¿Hace falta suplementarlo?

Porque la mejor suplementación no es la que aporta más nutrientes: es la que aporta lo que hace falta, en la cantidad y forma adecuadas, cuando realmente existe una razón para utilizarla.

En conclusión

La biodisponibilidad nos recuerda que la nutrición no consiste únicamente en sumar nutrientes.

Un alimento puede contener una determinada cantidad de calcio, hierro, magnesio u otro compuesto, pero eso no significa que todo ese contenido vaya a estar disponible para el organismo.

La forma química, la matriz alimentaria, el procesamiento, las interacciones entre nutrientes, otros componentes de la dieta y las características individuales pueden modificar su aprovechamiento.

El calcio es un ejemplo especialmente claro: podemos encontrarlo en huesos, fuentes minerales, fuentes marinas o vegetales, pero no deberíamos decidir cuál es mejor únicamente por su origen o por la cantidad que aparece en la etiqueta.

Al final, valorar una fuente nutricional requiere mirar más allá del número.

Porque entre “lo que contiene” y “lo que el organismo aprovecha” existe todo un proceso.

Y entenderlo nos ayuda a tomar decisiones mucho más conscientes sobre alimentación y suplementación.

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