Semillas en la alimentación de perros y gatos: beneficios, cuáles elegir y cómo ofrecerlas

Chía, lino, calabaza, cáñamo, sésamo o girasol aparecen cada vez más en las recomendaciones sobre alimentación natural.

Y es cierto que las semillas pueden aportar nutrientes interesantes: grasas, fibra, proteínas, minerales y diferentes compuestos bioactivos.

Pero hay una cuestión que solemos pasar por alto: no solo importa qué semilla damos, sino también cómo la ofrecemos.

Una semilla entera, triturada, molida o hidratada no se comporta exactamente igual durante la digestión.

Y, como siempre, que un alimento tenga propiedades interesantes no significa que tengamos que incorporarlo obligatoriamente a la dieta.

¿Qué pueden aportar las semillas?

Cada semilla tiene una composición diferente.

Algunas destacan por sus grasas y ácidos grasos, otras por la fibra, otras por determinados minerales y otras por la combinación de diferentes nutrientes.

Entre sus posibles aportes encontramos:

  • grasas;
  • ácidos grasos;
  • fibra;
  • proteínas vegetales;
  • minerales;
  • vitaminas;
  • y diferentes compuestos bioactivos.

No todas aportan lo mismo ni tienen por qué utilizarse con el mismo objetivo.

Por ese motivo, la pregunta debería ser: ¿Qué semilla, para qué animal y con qué finalidad?

¿Enteras o trituradas?

Aquí encontramos una de las cuestiones más interesantes.

Las semillas tienen una cubierta que protege su contenido interno. Dependiendo de la semilla y de cómo se consuma, parte de esa estructura puede atravesar el aparato digestivo sin que todo su contenido haya quedado disponible.

Esto es especialmente relevante cuando queremos aprovechar sus grasas, proteínas u otros nutrientes que se encuentran dentro de la semilla.

Por eso, triturar o moler determinadas semillas puede facilitar el acceso a su contenido y favorecer su aprovechamiento digestivo.

No significa que todas las semillas tengan que triturarse obligatoriamente ni que triturarlas convierta cualquier nutriente en automáticamente biodisponible.

Significa que romper físicamente la estructura de la semilla puede facilitar que las enzimas digestivas tengan acceso a una mayor superficie del alimento.

En algunas semillas, esto puede marcar una diferencia importante.

Un ejemplo: el lino

El lino es una de las semillas en las que tiene especial interés esta cuestión.

Aporta ácido alfa-linolénico (ALA), un omega-3 de origen vegetal, además de fibra y otros componentes.

Cuando el lino se consume entero, una parte puede atravesar el aparato digestivo con su estructura relativamente intacta.

Al molerlo, rompemos esa estructura y hacemos más accesible su contenido.

De hecho, se ha estudiado específicamente el uso de lino molido en gatos y se ha observado que puede aportar ALA de forma biodisponible.

Esto no significa que el ALA sea equivalente a EPA y DHA.

En perros existe capacidad de conversión de ALA a otros ácidos grasos, aunque es limitada; en gatos esta conversión es mucho más reducida.

Por eso, si nuestro objetivo concreto es aportar EPA y DHA, una semilla rica en ALA no debe considerarse automáticamente equivalente a una fuente que proporcione directamente EPA y DHA.

La chía: una semilla con una particularidad importante

La chía merece un apartado propio porque, además de su contenido en fibra y grasas, tiene una característica muy particular: absorbe agua y forma un gel mucilaginoso.

Cuando entra en contacto con agua, la superficie de la semilla desarrolla una capa de mucílago que retiene agua y modifica considerablemente su textura. Este comportamiento está bien descrito en estudios de digestión de la propia semilla.

Por eso, cuando utilizamos chía, especialmente si queremos ofrecer una cantidad apreciable, es preferible hidratarla previamente.

No buscamos únicamente que sea “más fácil de comer”.

La hidratación permite que la semilla llegue ya hidratada y que su mucílago se haya formado antes de ingerirla.

Además, resulta mucho más sencillo incorporarla de manera homogénea a una comida húmeda.

¿Cómo hidratamos la chía?

Podemos mezclarla con agua y dejarla reposar hasta que forme una textura gelatinosa.

Después podemos incorporarla a la comida.

No necesitamos convertirla en una preparación compleja.

La clave es evitar ofrecer grandes cantidades de semillas de chía secas de una sola vez, especialmente en animales que comen rápidamente.

La chía absorbe una cantidad importante de agua y, además, su elevado contenido en fibra hace que introducir demasiada cantidad demasiado rápido pueda provocar molestias digestivas.

Por eso, pequeñas cantidades y adaptación progresiva tienen mucho más sentido que utilizarla en grandes cantidades por sus supuestos beneficios.

¿Hidratar y triturar son lo mismo?

No.

Son dos procesos diferentes y pueden perseguir objetivos diferentes.

Triturar o moler:

  • rompe la estructura física de la semilla;
  • facilita el acceso al contenido interno;
  • puede favorecer el aprovechamiento de determinados nutrientes.

Hidratar:

  • aporta agua a la semilla;
  • permite que se forme el mucílago;
  • modifica su textura;
  • facilita su incorporación a la comida;
  • y evita que una cantidad importante de semillas secas tenga que hidratarse principalmente después de ser ingerida.

En algunas semillas puede interesarnos una cosa, la otra o ambas.

¿Qué ocurre con las semillas enteras?

No significa que sean inútiles.

Una semilla entera puede aportar fibra y otros componentes y, dependiendo del tipo de semilla, parte de sus nutrientes sí puede quedar disponible.

Pero si nuestro objetivo es aprovechar específicamente su contenido interno, no siempre tiene sentido ofrecerla simplemente entera porque “así es más natural”.

La digestión no funciona según lo que sea más natural para nosotros.

Funciona según la estructura del alimento y la capacidad del organismo para acceder a sus nutrientes.

¿Qué semillas pueden tener interés?

Lino

Interesante por su contenido en ALA y fibra.

Cuando se utiliza con intención nutricional, suele tener más sentido molido que entero.

Chía

Aporta fibra, ALA, proteínas y minerales.

Si se utiliza, podemos ofrecerla previamente hidratada, especialmente cuando la cantidad no es meramente testimonial.

Semillas de calabaza

Aportan grasas, proteínas, fibra y minerales.

Pueden incorporarse ocasionalmente, pero hay que tener presente que son relativamente densas en energía.

No debemos confundir su composición nutricional con una necesidad de suplementación.

Cáñamo

Aporta proteínas, grasas y diferentes micronutrientes.

Como en las demás semillas, su utilidad dependerá de la dieta en la que se incorpore.

Sésamo

Es una fuente concentrada de grasas y minerales.

Puede utilizarse en cantidades pequeñas cuando tenga sentido, aunque tampoco debemos asumir que su contenido mineral se absorbe íntegramente.

Girasol

Aporta principalmente grasas, además de proteínas y otros micronutrientes.

Por su densidad energética, debe considerarse dentro del conjunto de la alimentación.

¿Y en gatos?

Aquí es especialmente importante no convertir las semillas en protagonistas.

El gato es un carnívoro especializado y tiene necesidades nutricionales concretas que deben cubrirse principalmente mediante una alimentación adecuada para su especie.

Una pequeña cantidad de una semilla puede tener cabida en determinados contextos, pero no debería desplazar alimentos que proporcionan nutrientes esenciales para el gato.

Tampoco debemos utilizar una semilla vegetal como sustituto directo de un nutriente que el gato necesita obtener de otra fuente.

Por ejemplo, que la chía aporte ALA no significa que podamos utilizarla como equivalente de una fuente de EPA y DHA.

¿Y la fibra?

Muchas semillas son interesantes precisamente por su contenido en fibra.

Pero aquí también debemos huir del “más es mejor”.

La fibra puede modificar la consistencia de las heces, la velocidad de tránsito y la fermentación intestinal.

Dependiendo del tipo de fibra, puede tener efectos diferentes.

Por eso, si utilizamos una semilla con un objetivo digestivo, deberíamos preguntarnos:

¿Qué tipo de fibra aporta?

¿Qué cantidad estamos dando?

¿Qué queremos conseguir?

Y, sobre todo:

¿Cómo responde ese animal?

Un aumento brusco de fibra puede provocar gases, heces blandas o cambios en el tránsito.

Semillas y control del peso

Este punto también es importante.

Las semillas tienen fama de ser alimentos “saludables”, pero eso no significa que sean alimentos bajos en energía.

Una pequeña cantidad puede concentrar bastante grasa y, por tanto, energía.

Si añadimos semillas diariamente a una dieta que ya está correctamente calculada, estamos añadiendo energía adicional salvo que ajustemos el resto de la alimentación.

Esto es especialmente relevante en animales con sobrepeso o con necesidades energéticas reducidas.

“Saludable” y “sin calorías” no son sinónimos.

¿Hay que darlas todos los días?

No necesariamente.

No existe una frecuencia universal que podamos aplicar a todos los animales.

Podemos utilizarlas de manera puntual o incorporarlas con mayor regularidad cuando exista una razón concreta para hacerlo y la cantidad esté adaptada a la dieta.

La frecuencia dependerá de:

  • especie;
  • tamaño;
  • edad;
  • condición corporal;
  • dieta habitual;
  • tolerancia digestiva;
  • necesidades nutricionales;
  • y objetivo de la incorporación.

No necesitamos crear una lista interminable de “superalimentos” que añadir cada día.

¿Qué debemos evitar?

En primer lugar, los productos para humanos que contienen otros ingredientes.

Una semilla natural no es lo mismo que una crema de semillas con azúcar, sal, cacao, edulcorantes o especias.

También debemos evitar asumir que cualquier semilla es apropiada para cualquier animal.

Y, especialmente, no utilizar semillas como tratamiento de enfermedades o como sustituto de una alimentación completa.

Una preparación sencilla puede ser suficiente

No necesitamos convertir las semillas en recetas complicadas.

En función de la semilla, podemos:

Moler lino y utilizarlo recién preparado en pequeñas cantidades.

Hidratar chía y añadirla después a la comida.

Triturar determinadas semillas si queremos facilitar el acceso a su contenido.

Y ofrecer otras semillas en pequeñas cantidades cuando su textura y tamaño sean adecuados para el individuo.

La preparación debe adaptarse al alimento.

No necesitamos aplicar el mismo método a todas.

Las semillas pueden aportar nutrientes interesantes, pero su valor depende de la semilla, de la cantidad y del contexto de la alimentación.

Además, la forma en la que las ofrecemos puede importar tanto como la propia elección.

Moler o triturar determinadas semillas puede romper su estructura y facilitar el acceso a sus nutrientes.

En el caso de la chía, hidratarla previamente permite que forme su mucílago y evita que una cantidad importante de semilla seca tenga que absorber agua después de ser ingerida.

Y debemos recordar que ninguna de estas semillas es imprescindible por el simple hecho de ser rica en nutrientes.

La pregunta no debería ser: “¿Qué más puedo añadir?”

Sino: “¿Qué necesita este animal y qué forma de ofrecerlo tiene realmente sentido?”

Porque en alimentación, incluso cuando hablamos de ingredientes sencillos y naturales, la cantidad, la preparación y el contexto importan.

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