Si convivimos con un gato, probablemente alguna vez nos hayamos preguntado si bebe suficiente.
Llenamos el cuenco por la mañana y, horas después, parece que apenas ha tocado el agua.
¿Es normal?
A veces sí.
Los gatos pueden obtener una parte importante del agua que necesitan a través de la alimentación y, además, no todos tienen el mismo comportamiento frente al agua. Por eso, observar poco consumo directamente del cuenco no nos permite saber por sí solo si un gato está correctamente hidratado.
La pregunta importante no es solamente cuánto bebe.
Es cuánto agua recibe en total.
EL AGUA NO PROCEDE SOLO DEL CUENCO
La alimentación puede aportar una cantidad considerable de agua.
Un gato que consume principalmente alimentos con un alto contenido en humedad está incorporando agua mientras come. En cambio, cuando la alimentación contiene mucha menos humedad, una proporción mayor del agua tendrá que proceder de la bebida.
Por eso, dos gatos que beben exactamente la misma cantidad pueden tener una ingesta hídrica total muy diferente.
Esta es una de las razones por las que no tiene sentido valorar la hidratación de un gato únicamente mirando el cuenco.
¿Y SI MI GATO COME SECO?
No significa automáticamente que esté deshidratado.
Sí significa que debemos prestar especial atención a que tenga acceso constante a agua limpia y que podamos favorecer su ingesta si bebe poco.
Podemos ofrecer varios puntos de agua, probar diferentes recipientes, mantenerlos alejados del arenero y experimentar con agua en movimiento si nuestro gato muestra preferencia por ella.
También podemos valorar la incorporación de alimento húmedo si resulta adecuado para su alimentación.
No existe una única estrategia válida para todos.
LOS GATOS TAMBIÉN TIENEN PREFERENCIAS
Algunos gatos prefieren beber de fuentes.
Otros prefieren recipientes anchos.
Algunos rechazan determinados materiales.
Otros parecen querer el agua lejos de la comida.
Y algunos simplemente beben cuando no estamos mirando.
Por eso, antes de asumir que un gato bebe poco, merece la pena observar sus hábitos durante varios días.
También podemos preguntarnos si el comportamiento ha cambiado.
Y esta pregunta es especialmente importante.
CUANDO BEBER POCO DEJA DE SER “SU FORMA DE SER”
Si un gato siempre ha bebido poco y mantiene sus hábitos normales, la situación no es la misma que cuando de repente deja de beber.
Los cambios en la cantidad de agua que consume, en la frecuencia con la que orina, en el uso del arenero, en el apetito o en su comportamiento general merecen atención.
Y ocurre lo mismo al contrario.
Un aumento llamativo de la sed también puede ser una señal de que algo está cambiando.
La cantidad de agua que bebe un gato no debe interpretarse de forma aislada.
Hay que mirar el conjunto.
HIDRATACIÓN Y SALUD URINARIA
La hidratación es especialmente relevante cuando hablamos de salud urinaria, pero no debemos convertirla en una explicación o tratamiento universal.
Un gato que presenta dificultades para orinar, sangre en la orina, dolor, micciones frecuentes o cambios importantes en el uso del arenero necesita una valoración veterinaria.
Y ante una obstrucción urinaria, especialmente en machos, estamos ante una urgencia.
Aumentar el consumo de agua puede formar parte de una estrategia preventiva o nutricional, pero no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento cuando existe una enfermedad.
¿CÓMO PODEMOS FAVORECER LA INGESTA DE AGUA?
Podemos probar diferentes herramientas:
Ofrecer agua fresca y renovarla con frecuencia.
Colocar varios puntos de agua.
Experimentar con distintos recipientes.
Probar una fuente si el gato muestra interés por el agua en movimiento.
Incorporar alimentación húmeda cuando sea adecuada.
Añadir una pequeña cantidad de agua a determinadas comidas si el gato lo acepta.
Y evitar cambios bruscos que puedan provocar rechazo.
A veces no necesitamos conseguir que el gato “beba más”.
Necesitamos conseguir que reciba más agua.
UNA MIRADA MÁS AMPLIA
El comportamiento de beber poco no es necesariamente un problema.
Pero tampoco deberíamos utilizarlo como excusa para ignorar cambios importantes.
La hidratación de un gato depende de su alimentación, su consumo de agua, su fisiología, su entorno y sus necesidades individuales.
Por eso, más que contar cuántas veces lo vemos beber, podemos empezar por conocer cuál es su normalidad.
Porque cuando conocemos lo habitual, resulta mucho más fácil detectar lo que no lo es.
