BARF: CÓMO CONSTRUIR UNA DIETA EQUILIBRADA PARA PERROS Y GATOS

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La alimentación BARF genera conversaciones intensas.

Para algunas familias representa una forma de alimentar más cercana a determinados alimentos frescos y menos procesados. Para otras, supone una complejidad difícil de manejar.

Pero hay una cuestión que debería estar por encima del debate:

Una dieta no es equilibrada simplemente porque sea natural, fresca o esté basada en alimentos reconocibles.

Tiene que cubrir las necesidades nutricionales del animal.

Y ahí es donde empieza el verdadero trabajo.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE UNA DIETA ESTÉ EQUILIBRADA?

Significa que, a lo largo del tiempo y en las cantidades adecuadas, proporciona los nutrientes que el animal necesita.

Proteínas.

Grasas.

Ácidos grasos esenciales.

Vitaminas.

Minerales.

Aminoácidos.

Y otros nutrientes necesarios para mantener sus funciones fisiológicas.

No basta con mirar únicamente los ingredientes.

Dos dietas pueden utilizar carne, huesos y vísceras y, sin embargo, tener perfiles nutricionales muy diferentes.

LA CARNE NO ES UNA DIETA COMPLETA

Uno de los errores más frecuentes al preparar dietas caseras es pensar que ofrecer diferentes tipos de carne es suficiente.

La carne aporta muchos nutrientes importantes, pero no todos en las cantidades necesarias.

Las vísceras aportan otros nutrientes.

Los tejidos óseos aportan minerales.

Determinados alimentos pueden aportar ácidos grasos esenciales, fibra u otros componentes.

Y algunos nutrientes pueden necesitar una fuente específica o suplementación calculada.

Por eso, construir una dieta no consiste simplemente en hacer una lista de ingredientes.

Consiste en formular.

LOS HUESOS TAMPOCO SOLUCIONAN TODO

Los huesos pueden aportar calcio y fósforo, pero utilizarlos no garantiza que la relación entre ambos minerales sea adecuada.

Además, la cantidad de hueso necesaria dependerá de muchos factores y el exceso tampoco es inocuo.

La seguridad del hueso depende también del tipo de hueso, su tamaño, la forma en la que se ofrece y las características individuales del animal.

Por eso, “come huesos” no equivale a “tiene suficiente calcio”.

¿Y LAS VÍSCERAS?

Las vísceras son una parte interesante de muchas formulaciones porque concentran determinados nutrientes.

Pero tampoco debemos convertirlas en una proporción universal que sirva para todos los animales y todas las dietas.

No todas las vísceras tienen la misma composición.

Hígado, riñón, corazón y otros tejidos tienen perfiles nutricionales diferentes.

El corazón, por ejemplo, es tejido muscular y no debería utilizarse como sustituto automático del conjunto de vísceras secretoras cuando estamos formulando una dieta.

LA IMPORTANCIA DE LOS ÁCIDOS GRASOS

Las grasas no solo aportan energía.

También proporcionan ácidos grasos esenciales y participan en diferentes funciones del organismo.

En una dieta casera conviene valorar tanto la cantidad total de grasa como el perfil de ácidos grasos.

Y aquí vuelve a aparecer una idea importante: no basta con saber que una dieta contiene “grasa”.

Necesitamos saber qué tipo de grasa estamos aportando.

SUPLEMENTAR NO SIGNIFICA QUE LA DIETA ESTÉ MAL

Una dieta casera correctamente formulada puede necesitar determinados suplementos para conseguir cubrir todos los requerimientos nutricionales.

Eso no convierte la dieta en menos natural.

Simplemente significa que estamos utilizando herramientas para alcanzar un objetivo nutricional concreto.

La suplementación debería responder a una necesidad de la formulación.

No añadirse al azar porque “por si acaso”.

PERROS Y GATOS NO SON IGUALES

Este punto es fundamental.

No podemos coger una dieta formulada para un perro y trasladarla directamente a un gato.

Los gatos tienen necesidades nutricionales específicas que condicionan la formulación de su dieta.

Por eso, cuando hablamos de alimentación casera, BARF o cualquier otro modelo, debemos partir siempre de la especie.

Y después individualizar.

EDAD, ACTIVIDAD Y SALUD TAMBIÉN IMPORTAN

Una dieta adecuada para un adulto sano no necesariamente será adecuada para un cachorro.

Tampoco podemos asumir que las necesidades de un animal sedentario son las mismas que las de uno con una actividad física muy elevada.

El peso corporal, la condición corporal, la edad, la actividad, la reproducción y determinadas enfermedades pueden modificar las necesidades nutricionales.

Por eso una receta encontrada en internet no debería considerarse automáticamente una dieta personalizada.

EL PROBLEMA NO ES BARF

BARF no es sinónimo de dieta desequilibrada.

Pero tampoco es sinónimo de dieta equilibrada.

El resultado depende de cómo esté formulada.

Una alimentación casera puede estar muy bien construida o presentar carencias y excesos importantes.

La cuestión no debería ser defender o atacar una etiqueta.

Deberíamos preguntarnos si la dieta concreta que recibe ese animal cubre sus necesidades.

FORMULAR ES MUCHO MÁS QUE REPARTIR PORCENTAJES

Las famosas proporciones pueden resultar útiles como punto de partida conceptual, pero no deberían sustituir una formulación nutricional.

Porque dos alimentos incluidos en el mismo porcentaje no aportan necesariamente los mismos nutrientes.

Y porque las necesidades nutricionales no se expresan únicamente como porcentajes de carne, hueso o vísceras.

La formulación debe mirar nutrientes.

No solo ingredientes.

UNA DIETA CASERA RESPONSABLE

Si queremos alimentar con BARF o con cualquier otro modelo casero, podemos hacerlo desde una perspectiva responsable:

Conocer las necesidades nutricionales de la especie.

Utilizar ingredientes de calidad y manipularlos de forma segura.

Formular la dieta teniendo en cuenta nutrientes, no solo ingredientes.

Individualizar según el animal.

Revisar periódicamente la condición corporal y la evolución.

Modificar la dieta cuando cambien sus necesidades.

Y pedir ayuda profesional cuando no tengamos los conocimientos necesarios para formularla.

Porque alimentar de forma casera no debería significar improvisar.

LA MEJOR DIETA ES LA QUE ESTÁ BIEN CONSTRUIDA

No existe una única forma correcta de alimentar a todos los perros y gatos.

Pero sí existe una responsabilidad común:

Que aquello que ofrecemos cubra sus necesidades.

Podemos elegir alimentos frescos, cocinados, húmedos, secos o una combinación de diferentes formatos.

Podemos elegir diferentes modelos.

Lo que no deberíamos hacer es confundir “natural” con “completo”.

Porque una alimentación respetuosa también implica conocer qué necesita realmente el animal que tenemos delante.

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