CALCIO DE ORIGEN ANIMAL, MARINO Y VEGETAL: ¿SON DIFERENTES?

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Cuando hablamos de calcio para perros y gatos, es frecuente encontrar referencias a fuentes de origen animal, vegetal o marino.

Pero ¿hay realmente diferencias?

Sí, aunque no necesariamente en el sentido de “uno es bueno y otro malo”.

Lo importante es conocer de dónde procede el calcio, en qué forma se encuentra, cuánto calcio aporta realmente y qué ocurre con su absorción.

EL CALCIO ES CALCIO, PERO LA FUENTE IMPORTA

El organismo necesita calcio como mineral.

Participa en la estructura ósea y dental, pero también interviene en la contracción muscular, la transmisión nerviosa y diferentes procesos fisiológicos.

Sin embargo, el hecho de que un ingrediente contenga calcio no significa que todo ese calcio vaya a estar disponible para el organismo en la misma medida.

La fuente, la composición del alimento y otros factores pueden influir en su aprovechamiento.

CALCIO DE ORIGEN ANIMAL

Cuando hablamos de calcio procedente de alimentos de origen animal, una de las fuentes más conocidas es el tejido óseo.

Los huesos contienen calcio y fósforo, por lo que pueden formar parte de determinadas formulaciones de alimentación casera.

Pero utilizar huesos no permite controlar el aporte mineral con la misma precisión que una fuente de calcio cuya composición conocemos exactamente.

Además, el hueso introduce otras consideraciones relacionadas con la masticación, la digestión, el tamaño, la dureza y la seguridad.

Por eso, nutrición y masticación son dos cuestiones que conviene separar.

CALCIO DE ORIGEN VEGETAL

También existen alimentos vegetales que aportan calcio.

Sin embargo, la cantidad de calcio presente en un alimento no siempre equivale a la cantidad que finalmente puede utilizar el organismo.

Algunos vegetales contienen compuestos que pueden reducir la disponibilidad de determinados minerales.

Por eso, cuando una dieta necesita aportar una cantidad concreta de calcio, no basta con añadir alimentos que “tengan calcio”.

Hay que valorar cuánto aportan realmente y qué proporción puede aprovecharse.

¿Y EL CALCIO MARINO?

El calcio marino procede de fuentes de origen marino, como determinados depósitos minerales de organismos marinos o estructuras calcáreas.

Su interés no está en que el calcio sea “mejor” simplemente por proceder del mar.

Lo interesante es que puede ofrecer una fuente mineral alternativa y, dependiendo del ingrediente y de su procesamiento, aportar una composición mineral concreta.

En algunas formulaciones puede resultar una opción interesante para complementar el aporte de calcio.

Pero, de nuevo, lo importante es conocer su composición real.

NO TODO EL CALCIO SE UTILIZA IGUAL

Cuando elegimos una fuente de calcio deberíamos mirar:

La cantidad de calcio elemental que aporta.

La forma química en la que se encuentra.

La composición mineral del producto.

La cantidad que necesitamos incorporar.

La dieta en la que vamos a utilizarlo.

Y las necesidades concretas del animal.

Esto es especialmente importante cuando estamos formulando una dieta casera.

¿PUEDE EXISTIR INTOLERANCIA AL CALCIO DE ORIGEN ANIMAL?

Aquí conviene hacer una precisión.

El calcio como mineral no suele ser el responsable de una alergia alimentaria al origen animal.

Una reacción puede estar relacionada con las proteínas u otros componentes presentes en una determinada fuente.

Por ejemplo, si utilizamos un ingrediente de origen animal que contiene calcio, una sensibilidad a ese ingrediente no significa necesariamente que exista una “intolerancia al calcio animal”.

Son conceptos diferentes.

Por eso, cuando existe una reacción o una dieta de exclusión, debemos valorar el ingrediente completo y no únicamente el mineral.

¿POR QUÉ ELEGIR UNA FUENTE U OTRA?

Puede haber diferentes razones.

En una dieta con huesos, parte del calcio puede proceder de ellos.

En una dieta cocinada sin huesos, puede ser necesario utilizar una fuente mineral alternativa.

En determinados animales puede interesarnos evitar ciertos ingredientes por razones nutricionales, digestivas o relacionadas con la formulación.

Y en otros casos simplemente podemos elegir una fuente cuya composición nos permita calcular mejor la cantidad necesaria o más afín a nuestros valores personales (ej. veganismo).

No existe una fuente universalmente superior.

EXCESO TAMBIÉN ES UN PROBLEMA

Una de las razones por las que el calcio debe formularse con cuidado es que añadir más no significa necesariamente mejorar la dieta.

El calcio interactúa con otros minerales y nutrientes y su equilibrio es importante.

Por eso no deberíamos añadir una cucharada de calcio a una receta sin saber cuánto calcio aporta ya esa dieta.

La pregunta no es:

“¿Tiene calcio?”

Sino:

“¿Cuánto calcio aporta en total y cuánto necesitamos?”

LA FUENTE ES UNA HERRAMIENTA, NO EL OBJETIVO

El objetivo final no es conseguir que la dieta contenga un ingrediente determinado.

Es conseguir que el animal reciba el aporte mineral que necesita de una forma adecuada y segura.

El calcio puede proceder de huesos, de fuentes minerales de diferente origen o de determinados alimentos, dependiendo de la dieta.

Lo importante es que la elección esté integrada dentro de la formulación.

Porque en nutrición no gana la fuente más natural, más moderna o más exótica.

Gana la que permite cubrir correctamente las necesidades del animal.

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