Probióticos, prebióticos y postbióticos

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Cuando hablamos de salud digestiva en perros y gatos, los probióticos se han convertido en uno de los suplementos más conocidos. Sin embargo, que un producto contenga probióticos no significa automáticamente que sea adecuado para cualquier animal, ni que todos los probióticos tengan el mismo efecto.

Antes de suplementar, merece la pena entender qué son, qué hacen y cuándo pueden tener sentido.

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar un beneficio para la salud del hospedador.

En el aparato digestivo conviven millones de microorganismos que forman parte de la microbiota intestinal. Esta comunidad participa en procesos relacionados con la digestión, la producción de determinados metabolitos, la interacción con el sistema inmunitario y el mantenimiento de la barrera intestinal.

Por eso, cuando hablamos de probióticos no deberíamos pensar simplemente en «añadir bacterias buenas», sino en una herramienta que puede utilizarse en determinadas situaciones para intentar modular un ecosistema mucho más complejo.

Probióticos, prebióticos y postbióticos no son lo mismo

Es habitual encontrar estos términos juntos, pero hacen referencia a conceptos diferentes.

Los probióticos son microorganismos vivos.

Los prebióticos son sustratos que determinados microorganismos pueden utilizar y que pueden favorecer cambios beneficiosos en la microbiota.

Los postbióticos son preparaciones de microorganismos inactivados y componentes derivados de ellos que pueden producir efectos beneficiosos.

También encontramos los simbióticos, que combinan probióticos y prebióticos.

Entender esta diferencia es importante porque no todos los problemas digestivos responden de la misma manera a cada estrategia.

¿Cuándo pueden tener sentido?

Los probióticos pueden utilizarse como apoyo en determinadas situaciones digestivas, siempre teniendo en cuenta el estado individual del animal.

Por ejemplo, pueden plantearse durante determinados episodios de alteración gastrointestinal, después de situaciones que hayan afectado a la microbiota o como parte de una estrategia más amplia de recuperación digestiva.

Pero un suplemento no sustituye a investigar la causa.

Una diarrea recurrente, vómitos, pérdida de peso, cambios persistentes en las heces o cualquier otro signo digestivo mantenido requiere valorar qué está ocurriendo realmente.

No tiene sentido intentar «tapar» un problema de base con un probiótico.

No todos los probióticos son iguales

Una de las cuestiones más importantes es la cepa.

Decir que un producto contiene Lactobacillus, Bifidobacterium u otro género bacteriano no nos indica por sí mismo qué efecto podemos esperar.

Los beneficios de los probióticos son específicos de determinadas cepas y de las cantidades utilizadas. Por eso, más no significa necesariamente mejor.

También es importante valorar la estabilidad del producto, sus condiciones de conservación y la cantidad de microorganismos viables que realmente llegan al animal.

¿Y en gatos?

Los gatos también tienen una microbiota intestinal propia y pueden beneficiarse de estrategias dirigidas a su salud digestiva en determinadas circunstancias.

Pero, al igual que ocurre con los perros, no deberíamos extrapolar automáticamente las necesidades de una especie a otra.

El gato tiene unas características fisiológicas y nutricionales particulares y cualquier suplementación debe plantearse teniendo en cuenta su alimentación, edad, estado de salud y circunstancias individuales.

La microbiota no se cuida solamente con suplementos

La alimentación, la hidratación, el estrés, el entorno, la actividad física, determinadas enfermedades y algunos tratamientos pueden influir en el ecosistema intestinal.

Por eso, cuando queremos cuidar la salud digestiva de nuestro compi, el enfoque debería ser global.

Un probiótico puede formar parte de esa estrategia, pero no debería convertirse en la estrategia completa.

Apostamos por entender primero qué necesita cada individuo y utilizar la suplementación con un objetivo concreto, no por acumular productos «por si acaso».

Porque cuidar la microbiota también significa cuidar todo aquello que la rodea.

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